SIGLO XVIII, EL REFINAMIENTO DE LA COCINA
En el llamado “siglo de las luces”, se vuelve a los elementos
clásicos, a la sobriedad después de los excesos del Barroco.
En la cocina, empieza a hablarse de “cocina tradicional”:
ganan importancia alimentos como judías, lentejas, guisantes y muchas frutas (melón
y uvas sobre todo) y verduras, estas últimas también en formato de ensalada
aliñada.
(Abraham Bose, Los cinto sentidos. El gusto)
El uso de aceite de oliva deja de tener tantas connotaciones
negativas. En el pasado se cocinaba con manteca, excepto los días de
abstinencia. Si no lo hacías así, podían tacharte de no ser un “cristiano viejo”
(no te pierdas las recetas de “El Quijote”).
Las salsas, como el prebe o la mostaza, son cada vez más
usadas. Y las especias siguen teniendo importancia, pero se rebaja ese
estallido de sabores que tenía cada plato. Algunas como la canela, reducen su
uso para repostería solamente.
Y hablando de dulces, no podían faltar las frutas en almíbar
o escarchadas, mermeladas, compotas, jaleas… dulces de masa frita, arroz con
leche, o a base de huevos.
¿Todavía no echas algo de menos?
Pues sí, ¡las bebidas! Y es que, además del vino, empieza a popularizarse el aguardiente, el de sabor a anís y licores como el Rosoli (a base de aguardiente, con canela, azúcar, anís y otras especias).
La sidra se bebe en Asturias. Y empieza a ser común tomar bebidas con leche de almendras, la horchata, el hordiate (aguas de cebada) y avenate (de avena), así como la limonada y la naranjada entre otras.
El chocolate era la bebida estrella, pero no la única con prestigio: el café se incorpora importado de América, aunque es originario de Arabia. Su nombre y consumo en público dará origen a los "cafés" o cafeterías. Tomado con azúcar y leche, se le atribuían todo tipo de virtudes.
No olvidarnos de que también conocían el té, pero no llegó a tener el mismo éxito.
***
¿Todavía no echas algo de menos?
Pues sí, ¡las bebidas! Y es que, además del vino, empieza a popularizarse el aguardiente, el de sabor a anís y licores como el Rosoli (a base de aguardiente, con canela, azúcar, anís y otras especias).

El chocolate era la bebida estrella, pero no la única con prestigio: el café se incorpora importado de América, aunque es originario de Arabia. Su nombre y consumo en público dará origen a los "cafés" o cafeterías. Tomado con azúcar y leche, se le atribuían todo tipo de virtudes.
No olvidarnos de que también conocían el té, pero no llegó a tener el mismo éxito.
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Y a ti, ¿te gustaría adentrarte en los ojos de un cocinero de palacio de la época?
Pues, ¡no te pierdas el siguiente post!
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***Para saber más curiosidades, visita en "Recetas" "La rutinaria vida de Carlos III".
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